Meditacion Zen: sentar en la calma

by Claudio Daniel Ríos
(Buenos Aires, Argentina)




El crepúsculo recorta las siluetas de una hilera de álamos. Lenguas rojizas surcan el cielo perturbado por el incesante revoloteo de una bandada de pájaros de regreso a sus nidos.

Desde lo alto de la sierra ruedan las risas de unos chicos. Un caballo hace de unos pastos humedecidos por el primer rocío, su manjar. La noche aguarda silenciosa su turno de salir a escena.

La primera vez que reparé en la frase "Sentar en la calma", de boca del maestro Taoísta Liu Pai Lin1, tuve la concreta sensación de estar siendo abordado en toda mi intimidad como pocas veces hasta ese momento. La respuesta inmediata de mi cerebro fue la de poner imagen a aquélla sentencia, pues necesitaba darle sentido y razón al sentimiento que en mí se acababa de disparar. La fotografía en cuestión era la de unos monjes budistas sentados durante su meditación.

Atrapado por esto último, pase algún tiempo preguntándome si la respuesta a esa vibración inicial, la que se produjo al escuchar la frase, debía leerla dirigiendo mi interés en la práctica monacal Budista; esto era, rapar mi cabellera, vestir un kimono negro y transitar paso a paso cada uno de sus rituales. En pocas palabras aislarme del mundo.

Sin embargo cuando mi mente dejó de proyectar imágenes y estereotipos, es decir, cuando por un breve lapso acalló su habitual parloteo, comprendí que lo que precisaba era encontrar aquella calma exactamente donde me encontraba, tanto en mi vida cotidiana, en mi trabajo, como en mis relaciones afectivas y familiares.

Para profundizar la práctica de ZaZen (sentarse a meditar), método que conocí de manos del monje budista Ricardo Dokyu2, busqué un lugar y un momento calmo y silencioso dentro de mi propia casa. Me senté sobre un almohadón con las piernas cruzadas, la columna recta, la lengua en el paladar, los ojos entrecerrados, la mano derecha sosteniendo la mano izquierda y los pulgares rozándose levemente.

Permanecí en esta postura durante cuarenta minutos, sintiendo mi cuerpo, respirando solo por la nariz pausada y lentamente, dirigiendo el aire a mi “tan tien” (centro de gravedad de bajo del ombligo).

Adherí a la premisa de no esperar que ocurra nada, no buscar nada, solo aceptar el estar conmigo, con mis pensamientos, con mis emociones, con los dolores o molestias que el cuerpo manifestaba, comprendiendo con el tiempo que ese es su modo de hablarnos para que lo escuchemos, lo cuidemos, lo respetemos; dejando que todo pase como las nubes en el cielo.

No duden en suponer todo esto como una tarea ardua y difícil, más cuando la espalda tira de sus músculos, una pierna se adormece, la respiración se entrecorta o nos distraemos con cuanto pensamiento se nos cruza.



Aún así y a medida que la práctica se vuelve más natural y menos forzada vemos, comprendemos, en cuerpo y alma, que nada encierra mayor sabiduría que enfrentarse a uno mismo con todo lo que ello implica; reconocernos en nuestras luces y sombras, hasta poder aceptar y descubrir quienes somos en realidad.


El estado meditativo

La atención sobre uno mismo, pasa a ser casi naturalmente el elemento fundamental sobre el que se posa dicha observación, no solo durante ZaZen, si no a cada momento de nuestra vida diaria; atendiendo a las palabras, pensamientos y acciones que coronan nuestra existencia, accediendo en la marcha y contra marcha a la posibilidad del... darse cuenta. Para lo cual no hay, sépanlo, un sendero trazado y señalizado, por el contrario, deberemos construirlo en cada andar.


Meditación y ciencia médica

Algunas investigaciones realizadas en meditadores de varios años de experiencia, como el propio Dalai Lama, han demostrado que la actividad en las áreas del cerebro que procesan la información se vuelven más lentas: el estado de relax general del organismo aumenta considerablemente, al punto que si el paciente no estuviera sentado, se quedaría dormido.

Los estudios demuestran que la meditación puede ser muy útil en casos de hipertensión, síndromes de hiperactividad y desatención. Reduce los riesgos de infartos y derrames cerebrales, así como resulta una excelente aliada en tratamientos del dolor y refuerzo del sistema inmunológico.

También se recomienda la meditación en: dolores crónicos, asma bronquial, y trastornos del sueño. Incluso se lo ha propuesto a aquellos chicos que padecen falta de atención en la escuela, y a sus padres.

Lo que sin duda esta sucediendo cada vez con más frecuencia es que mucha gente en todo el mundo opta por su práctica, ya sea como filosofía o religión, como para contribuir con el aporte a una salud más equilibrada.

Como suelo decir a mis alumnos, no deben creer en lo que digo o escribo, bastará que dirijan su atención allí y practiquen.

Tal vez descubran la bellaza única de sentar en la calma.


Notas:

1Maestro Liu Pai Lin, nacido en China y radicado durante muchos años hasta su muerte en la ciudad de Sao paulo Brasil, enseño y practico la medicina tradicional china como el Tai Chi, creando su propio estilo conocido como Tai Chi Pai Lin. Visito nuestro país en repetidas ocasiones.
2Mi práctica en ZaZen me fue transmitida por el monje Budista Ricardo Dokyu de la escuela Soto Zen, durante el año 2002, asistiendo a su Dojo semanalmente.



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