by Juan Carlos Schurig Terraf
(República Argentina)
Las conductas humanas ante las enfermedades pueden ser:
* Repudio, considerarlas como enemigas, maldecirlas, hacerlas callar con químicos, cirugías. Si simplemente hacemos esto tarde o temprano volverán a llamar a nuestra puerta.
* O por el contrario, las consideramos como aliadas, nos esforzamos en decodificar el mensaje que nos trasmiten intentando llegar al fondo de la cuestión, a la verdadera causa. Si queremos obtener un beneficio de la enfermedad debemos considerarla como una aliada a la que hemos recurrido para reajustar la mira y aproximarnos al objetivo. Con esto les quiero decir:
* Somos los responsables de nuestra enfermedad e, inconscientemente nos hemos conducido de manera tal que se ha presentado. Esto quiere decir que somos los dueños de la situación y no víctimas de acontecimientos o agentes exteriores.
* Nos hemos extraviado en alguna parte, y queremos recuperar nuestro camino, el sentido de nuestra vida, motivo por el que estamos en la tierra.
Es el aspecto espiritual de la salud lo que, desgraciadamente, rara vez se aborda. Y, sin embargo es fundamental.
Hacer un viaje en automóvil no está mal, pero hay que saber a donde se quiere ir para elegir la dirección. Para eso sirve la enfermedad. Cuando llevamos nuestro auto al mecánico se lo dejamos para que busque la verdadera causa, solucione el verdadero problema y prevenir la avería que nos dejaría inmovilizado. Usted le dice que se tome el tiempo necesario para arreglar ese problema y que no surjan problemas agregados.
Por el contrario, cuando se trata de nosotros hacemos lo contrario: tomamos medicinas para hacer desaparecer los síntomas sin buscar las causas profundas y entonces volverán -iguales, peores, difusas, diferentes-, con el agregado de los efectos adversos hasta que nos averiemos de nuevo y la enfermedad nos obligue a detener nuestra actividad. Corremos para que nos operen o nos ponemos bajo tratamiento sin preguntarnos cuál es el origen de nuestra enfermedad. Sin embargo la información está ahí. Disponemos de todo el tiempo para pensarlo durante nuestra convalecencia.