Medicina post globalizacion III

by Juan Carlos Schurig Terraf
(República Argentina)


Las conductas humanas ante las enfermedades pueden ser:

* Repudio, considerarlas como enemigas, maldecirlas, hacerlas callar con químicos, cirugías. Si simplemente hacemos esto tarde o temprano volverán a llamar a nuestra puerta.
* O por el contrario, las consideramos como aliadas, nos esforzamos en decodificar el mensaje que nos trasmiten intentando llegar al fondo de la cuestión, a la verdadera causa. Si queremos obtener un beneficio de la enfermedad debemos considerarla como una aliada a la que hemos recurrido para reajustar la mira y aproximarnos al objetivo. Con esto les quiero decir:
* Somos los responsables de nuestra enfermedad e, inconscientemente nos hemos conducido de manera tal que se ha presentado. Esto quiere decir que somos los dueños de la situación y no víctimas de acontecimientos o agentes exteriores.
* Nos hemos extraviado en alguna parte, y queremos recuperar nuestro camino, el sentido de nuestra vida, motivo por el que estamos en la tierra.
Es el aspecto espiritual de la salud lo que, desgraciadamente, rara vez se aborda. Y, sin embargo es fundamental.

Hacer un viaje en automóvil no está mal, pero hay que saber a donde se quiere ir para elegir la dirección. Para eso sirve la enfermedad. Cuando llevamos nuestro auto al mecánico se lo dejamos para que busque la verdadera causa, solucione el verdadero problema y prevenir la avería que nos dejaría inmovilizado. Usted le dice que se tome el tiempo necesario para arreglar ese problema y que no surjan problemas agregados.
Por el contrario, cuando se trata de nosotros hacemos lo contrario: tomamos medicinas para hacer desaparecer los síntomas sin buscar las causas profundas y entonces volverán -iguales, peores, difusas, diferentes-, con el agregado de los efectos adversos hasta que nos averiemos de nuevo y la enfermedad nos obligue a detener nuestra actividad. Corremos para que nos operen o nos ponemos bajo tratamiento sin preguntarnos cuál es el origen de nuestra enfermedad. Sin embargo la información está ahí. Disponemos de todo el tiempo para pensarlo durante nuestra convalecencia.

Pero ¿por qué pensar?

Debemos pensar en los motivos profundos de nuestros trastornos que nos han forzado a detener nuestra vida. Debemos pensar en nuestro trabajo (¿es perjudicial para mi salud?), la relación de pareja, los hijos, los amigos, nuestras madre, padres (¿se aprovechan de nosotros? ¿nos tiranizan?, etc).
La vida no es ganar dinero, la competitividad destroza.
Si el fracaso nos apesadumbra. Si tememos miedos, culpas, celos, envidias, etc.
Acusamos a todo y todos de nuestras desgracias, a la mala suerte , al cielo, al jefe, al mundo, a cualquier cosa exento a nosotros.
Hablemos de la seguridad. Por qué soportamos tantos males por ella si es una ilusión!
Ejemplo: la seguridad en el empleo. Cuantas personas son prisioneras de la seguridad salarial sin ser felices con sus trabajos. Entonces resisten con un dolor de cabeza, de espalda, depresión, mala digestión. El cuerpo grita que ya no puede más, que no le gusta ese tipo de vida, que aspira a otra cosa.
Así se continúa, más vale enfermedad que inseguridad. Llega el día que cae lo suficientemente enfermo como para no poder trabajar o aguantar hasta el día de la jubilación, antes de morir en total seguridad. Pero murieron el día en que decidieron vender su alma a la seguridad en el trabajo.



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