Medicina post globalizacion II

by Juan Carlos Schurig Terraf
(República Argentina)

Nuevas y falsas enfermedades se crean cada día.

Los ejemplos abundan: hasta el embarazo, que es un acto fisiológico de plena naturalidad y normalidad, se ha convertido en un negocio de la medicina. En nombre de la necesidad de saber cómo va el bebé se realizan pruebas a la madre y se las somete a los parámetros llamados de “normalidad” que no deben se rebasados o alterados y pobre de ella si los parámetros no son ajustados o dudosos: comienza el infierno de las investigaciones, si el bebé no se ajusta al “orden”, se provocará el parto o se practicará la cesárea y a partir de entonces, y siempre en nombre de la prevención, todos los partos posteriores se harán mediante cesárea.

Cada etapa natural de la vida de la mujer es tratada como una enfermedad: menstruaciones y síndrome premenstrual, conceptuando como enfermedad menopausia -el fin de las menstruaciones- para la que se proporciona a la mujer hormonas con objeto de prevenir complicaciones, trayendo con ello más complicaciones, ya que intentar prolongar lo que la naturaleza da por finalizado no solo es costoso sino riesgoso. Se dan reprimendas a las mujeres que no se realizan los estudios programados y con ello se dispara el miedo.

Se medica a los niños rebeldes o que no cumplen las normas del estándar de la sociedad medicalizada: si se le declara hiperactivo, se le medica contra una enfermedad imaginaria.

Las compañías farmacéuticas superan sus presupuestos en publicidad a los de investigación -aún cuando niegan hacer esto-. Como al hecho de que sus investigaciones están abocadas a productos rentables y no a nuevos productos que algunos enfermos necesitan imperativamente. Por supuesto que no cabe esperar que sean las compañías farmacéuticas las que informen al público de que las medicinas son causas de numerosas enfermedades, de un tercio de los costes hospitalarios y de bastantes muerte… impunes.

Lamentablemente, a la hora de crear enfermedades donde no las hay, todos los miembros de la medicina convencional se dan la mano y seguro que hacen que te sientas enfermo. El poder económico ha tomado el control de la medicina con desastrosos resultados que conocemos y el que no está de acuerdo es acusado de hereje y charlatán, se lo hostiga o se le persigue e intimida de múltiples formas. La inquisición sigue viva y la caza de brujas continua en la actualidad.

Hoy la salud de los pueblos está en manos de un gobierno mundial, se ha desposeído a los países de su soberanía en materia de salud para transferirla a un gobierno mundial, no elegido, cuyo ministerio de salud es la OMS que a su vez es controlada por la banca internacional que simplificadamente declara: medicamentos y vacunas para todos. Para mayor confusión se presentan como salvadores y como nadie entiende ni jota, nos parece bien. Nadie osaría dudar de las buenas intenciones de la OMS, pero hay que saber quien controla a la OMS y la ONU.

Los medicamentos.

Puede que un médico no solicite siempre un análisis, pero difícilmente nos dejará salir de su consulta sin una receta para una o varias medicinas. Ningún médico sería “bueno” sin esa receta, perdería nuestra confianza, e iríamos a otro. Así pues, los médicos prescriben fármacos que nosotros dócilmente consumimos. Pronto aparecen los efectos secundarios y las complicaciones. Y volvemos al médico. Entonces, nos prescribe otro medicamento que contrarresta los efectos perversos del anterior. Y consumimos dos, tres y cuatro veces más. Es corriente ver personas mayores consumir hasta quince pastillas diferentes. ¡Van drogados por la vida!

Conclusión.

* Nuestro autodenominado sistema de salud es un sistema de enfermedad.
* Nuestra medicina se ocupa exclusivamente de la enfermedad.
* Nuestros médicos solo saben de enfermedad.
* Pero: la enfermedad sale cara.
* Así que pronto hay que encontrar otra solución.

“La solución”.

Según la medicina científica la salud es la ausencia de enfermedad. O sea, que estar sano es no estar enfermo. Todo parece muy lógico. Entonces ¿cómo explicamos una crisis cardíaca súbita en alguien cuyos análisis eran normales? Otro casos: una persona que con molestias desde hace tiempo se somete a todo clase de estudios y se le informa: "tranquilícese, todo está perfectamente bien, usted goza de buena salud"; y a la semana siguiente se muere repentinamente.

Pregunta: ¿puede que alguien esté perfectamente bien un día y morirse al día siguiente sin mediar un accidente? ¿Puede pasarse de una salud perfecta a la muerte en un abrir y cerrar de ojos? Evidentemente, ustedes conocen la respuesta; sí.

Pero no es así, si nos atenemos a la definición convencional de la salud.

En consecuencia deberemos cambiar la definición de salud y definirla como un TERMÓMETRO O SALUD VARIABLE , en donde tenemos un espectro que va desde una zona blanca, o de salud perfecta, pasando por una gris hasta llegar a una zona negra donde no hay ninguna salud. Y el desplazamiento puede hacerse en ambos sentidos.
Los cambios se pueden hacer en horas si sufrimos un choque emocional.
El caso del paciente que murió “con buena salud” no gozaba de ella en absoluto, sin evidenciar su grave enfermedad. Cuantas veces hemos escuchado a alguien decir: “no me encuentro bien, pero he ido al médico y me ha dicho que todo está correcto”. ¿No tengo motivos para preocuparme? ¿Me ha mentido el médico?. No, su dictamen se ajusta a la definición de salud científica. Por eso la definición de salud termómetro se ajusta más a la realidad.

La forma de valorar la salud nos brinda la clave.

¿Cómo conocer nuestro gradiente de 0 a 100 en salud, muerte a salud perfecta?
Del mismo modo que cuando se compra un vehículo usado se le somete a un chequeo que incluyen pruebas físicas: frenado, verificación de sistemas, historial -dueños, caminos por donde transitaba, cambios de aceite, si ha sufrido accidentes, etc-, que una vez reunidas las respuestas nos permitirá fijar el precio. En la salud aparte del examen físico y demás pruebas de laboratorio hay que evaluar:

* Alimentación: comidas basuras, combinaciones, forma de comer, masticación, etc.
* Sueño: horarios, duración, calidad.
* Hábitos saludables o perniciosos: tabaco, alcohol, etc.
* Trabajo -saludable o alienante, si hace un trabajo que le agobia-. Desempleo.
* Actitud frente a la vida; negación de su yo profundo, deseos de complacer a los demás: gastritis, cáncer, muerte.
* Objetivos en la vida: sin objetivo se hunden en la impotencia ante la cotidianeidad -fatiga crónica- y termina con psicofármacos o ingresado donde lo convierten en zombi.

A pesar de todo, la información existe. Solo hay que saber buscarla y luego diagnosticarla.

La definición de termómetro no solo permite diagnóstico, sino también hacer una mejora continua en donde pasamos de decir: no estoy enfermo a estoy sano, haciendo que me comporte según estos estados a mi antojo hasta que me llegue el colapso sin saber porqué. De esta otra manera obtendremos una comprensión más exacta de nuestro estado de salud y podremos prevenir catástrofes, y sobre todo mejorar indefinidamente.

La óptica materialista muestra que la salud es una mercancía de usar y tirar como cualquier otra en el planeta, el camino está trazado y lo seguimos dócilmente. Padecemos un destino que aceptamos con sumisión mientras aguardamos la liberación final.

Desde la óptica espiritualista, la vida terrestre es una etapa de nuestra vida eterna. Nuestro espíritu siempre ha estado y estará, y él es salud perfecta. En física cuántica el tiempo y el espacio son ilusorios. No existen. Sus corolarios -la enfermedad, la vejez, la muerte-, no existen. No pueden existir salvo que creamos en ellas. Somos nosotros lo que hacemos que existan.

El estado de salud de nuestro cuerpo depende del estado de armonía con el espíritu. Si el cuerpo está acorde con el espíritu vibrará en su misma frecuencia y conocerá su salud perfecta y eterna, como la del propio espíritu. La salud mejorará constantemente, de día en día y de reencarnación en reencarnación. La misma muerte es una etapa de crecimiento.

La elección entre las dos ópticas depende de nuestro poder interno para elegir, situado en lo profundo de la conciencia: el corazón. Donde mora el soberano quien regla y libera la emisión del caudal energético de nuestros cuerpos, en función de nuestro propio estado de salud. El espíritu ejerce una soberanía total sobre nuestro cuerpo.

La enfermedad.

Es el desacuerdo que se manifiesta con nuestro espíritu por no estar en la misma longitud de onda que impide la expansión por todo el cuerpo. La enfermedad es la manifestación física de un trastorno más profundo, que se percibe equivocadamente como desgracia, castigo, azar, agentes externos.

La enfermedad es el lenguaje del cuerpo diciéndonos que se siente desgraciado, física y moralmente. Por ello cuando caemos enfermos debemos escuchar la información e incluso agradecer la oportunidad, oportunidad que nos damos a nosotros mismos.

La enfermedad de la mente puede engendrar la enfermedad del cuerpo y viceversa. Por ejemplo, una tristeza puede llevar a un cáncer. Con la causa y el tratamiento ocurre igual: cuidar uno, mejora lo otro, y viceversa. A medida que una persona comienza a caminar recobra el ánimo. En este contexto, la enfermedad se comprende como la manifestación de un problema físico, emocional, mental o espiritual. La enfermedad solo hace de suministradora de la información, da la señal de alarma. ¡Menuda ventaja!, a condición de escucharla y saberla utilizar.

Continúa aquí con la tercera y última parte



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