Los alimentos son a nuestro organismo, lo que el combustible es a un coche: pueden mejorar el rendimiento del motor, pueden desgastarlo ... o pueden fundirlo. La mayoría estará de acuerdo con ésto. Donde ya no hay tanto acuerdo es sobre qué tipo de alimentos mejoran el rendimiento de nuestro motor y cuáles lo funden. En general, todos pensamos que nuestra alimentación es adecuada. No hay mucho que decir sobre ésto: la verdad es que si lo fuera, no sabríamos lo que es el colesterol, la diabetes, la artrosis, el estreñimiento,la diarrea, el dolor de cabeza, las caries ... ¿sigo? Si sufres alguna de estas enfermedades (casi debería decir, si sufres alguna enfermedad), no lo estás "haciendo bien". Así de simple. Tan simple como es aprender a hacerlo. Empecemos por el principio.
Lo primero es redefinir conceptos. Eso que llamas comer, es la segunda acción más importante que realizas a diario (la primera, como ya imaginarás, es respirar).
Aunque el acto de complacer tus sentidos a la hora de tomar alimentos es importantísimo, la función fundamental es aportarle a tu organismo la materia prima que necesita para construir las sustancias que te mantienen "operativa". Por lo tanto a la hora de tomar alimentos, hay que tener en cuenta dos factores -y no sólo uno-: que te alimente y que te guste (cuanto más mejor).
Lo segundo es revisar algunas costumbres. No tomes alimentos si estás cansada, irritada, nerviosa o si no sientes hambre.
¿Obvio? No creas. Si trabajas "fuera", tendrás un horario de comida al que tienes que ajustarte. Es cierto que puedes "habituar a tu cuerpo" a sentir hambre a esa hora ... pero lo del cansancio, los nervios o la irritación ... Seguro que no lo manejas tan bien. Es muy importante. Verás por qué. Para construir esas sustancias que te mantienen operativa, tu organismo necesita poder asimilar las materias primas. Y eso, tiene lugar en determinadas condiciones (químicas) que no pueden darse bajo esas circunstancias.
¿Que cuántas veces habrás comido cansada y no pasó nada? No te engañes: sí que pasó sólo que no te diste cuenta, o no lo atribuiste a eso. Una parte de lo que no es correctamente asimilado, se acumula en forma de elementos tóxicos en tu organismo que acaban obstruyéndolo hasta provocar un mal funcionamiento de los diferentes órganos. Así empezamos a hablar de dolor de cabeza, artrosis, reuma, caries ... El olor de las heces es un buen indicador: presta atención y verás que cuando no has asimilado bien, huelen especialmente mal (además, de que su consistencia no es la adecuada). Cuando el proceso de asimilación es correcto y el intestino está saneado, las heces, prácticamente no huelen. (¿a que no esperabas ésto?!)
Y la sobrealimentación es el principal problema sanitario de estos países porque es el principal factor de generación de enfermedades (¿te acuerdas de que lo que no asimilas correctamente, se acumula?).
Una fórmula que puedes aplicar desde ya es asegurarte que desde tu última ingesta de alimentos han pasado al menos 4 horas y que has mantenido un nivel de actividad que justifique una nueva ingesta. Si trabajas todo el día delante del ordenador, una fabada asturiana a la hora de la comida es un alimento muy potente, ¡a menos que pienses pasarte la tarde en el gimnasio!
La cuestión del tipo físico es lo más importante de todo. Hay tipos físicos que lo tendrían muy mal si intentan prescindir de las proteínas potentes (y me refiero a proteínas animales) y otros a quienes ese tipo de proteínas los dañan.
¿Cómo saber lo que te sirve y lo que no? La clave siempre es el bienestar: si acabas tu desayuno (o comida, o cena) y te sientes alerta, satisfecha (no harta) y dispuesta a continuar, la cosa va bien.
Si no es así, toca improvisar hasta encontrar la fórmula que te permita el mayor bienestar posible.
Si haces todas las comidas: podrías empezar por reducir la cantidad de alimento en una cuarta parte y mezclar lo menos posible.
Si eres de las que no desayuna (o se toma un café a pelo, de pie en la barra del bar) o se salta la comida por cuestiones de trabajo, podrías empezar por desayunar liviano (¡y sentada!) y comer liviano con regularidad (¡y con hambre!). Y ver qué pasa.
¿Ya está? Te sorprendería saber la cantidad de veces que fallamos en estas cosas tan simples. Y lo mejor, es que no tienes que creerme. Prueba a hacerlo y luego me cuentas.
En un próximo artículo, trataré con más detalle el tema de los alimentos. Aprenderás qué es un alimento, qué cualidades debe reunir y cómo utilizar alimentos corrientes para ayudar a mejorar algunas de tus funciones orgánicas.
Te dije que todavía podía
sorprenderte.
Somos por naturaleza cambiantes. Nos rige un ritmo interior que está
profundamente conectado con el ritmo de la naturaleza: ¿qué podría siempre
funcionarnos bien a todos? Y aunque de verdad eso existiera, ¿para
qué te sirve un método infalible que no puedes aplicar porque resulta que como
la mayoría de los mortales, trabajas fuera de casa, y tienes una hora para
comer? Un poco de bienestar es mejor que ningún bienestar. Y hay
muchas cosas que puedes hacer (o dejar de hacer) con muy buenos resultados antes
de entrar de lleno a los grandes "ismos" de la salud. ¿Por qué no
empezar por ahí?
-naturismo, carnivorismo, vegetarianismos,etc-?
¿métodos infalibles?
Sin dogmas
©Mónica P. Vazquez
Mujeres Holisticas, magazine online dedicado a la salud de la mujer del siglo XXI
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