El otro día, mi amiga vino a casa de ver al doctor con una lectura de colesterol de 220 y una receta de Lipitor. Deborah tiene 36 años, hace ejercicio como un demonio, está en gran forma, tiene una saludable dieta mediterránea, no hay enfermedades cardíacas en su familia y no fuma. Pero su médico le leyó la cartilla: Deborah salió de su consulta convencida que lo único que la separaba de un inminente ataque al corazón era esa pequeña píldora.
¿Qué es lo que no caza en este cuadro? ¿Por qué da la impresión que es tanta la gente (doctores y pacientes) que cree que los medicamentos son la respuesta a todos nuestros problemas de salud? Las estadísticas después de todo son sombrías: los gastos médicos han aumentado en un 73% durante los últimos cinco años. Actualmente estamos gastando más del doble por persona que los otros 21 países industrializados, pero somos los últimos en esperanza de vida saludable.
¿Qué es lo que pasa? Para saber más entrevisté al Profesor de Medicina de Harvard John Abramson, MD, autor de Overdose America: The Broken Promise of American Medicine (Harper Perrenial) (América con sobredosis: la promesa rota de la Medicina Americana). El Dr. Abramson cree que el cuidado de la salud en América está yendo en la dirección equivocada y que gran parte de la razón tiene que ver con los laboratorios farmacéuticos.
"Lo primero que la gente puede hacer para mejorar su salud y protegerse de cuidados médicos distorsionados es comprender que la información sobre medicamentos y salud es facilitada tanto a pacientes como médicos por los laboratorios farmacéuticos, por su valor comercial", me dijo el Dr. Abramson. "El propósito fundamental de esa información es mejorar los beneficios corporativos no nuestra salud".
El Dr. Abramson no está diciendo que todos los medicamentos son inútiles. Sencillamente cree que muchos se prescriben demasiado y que poner el foco en mediciones específicas, tales como el colesterol alto, priva a los médicos de la oportunidad de dialogar con sus pacientes sobre prácticas que las investigaciones han demostrado repetidamente mejorar la salud y reducir los riesgos de enfermedades del corazón y otras mortales. En muchos casos, estas prácticas son mucho mejores y más baratas que los medicamentos.
"Mire", me dijo el Dr. Abramson, "no existe ni un solo estudio controlado randomizado que muestre que las estatinas (ej. Lipitor, Zocor) reducen el riesgo de enfermedades del corazón o de que mejoren la salud de mujeres que no padecen enfermedades cardíacas. Ahora considere esto: hay cinco hábitos que provocan un sorprenden 83% de reducción en la incidencia de enfermedades cardiovasculares en mujeres, y sin embargo, solamente un 3% de las mujeres americanas hacen estas cinco cosas básicas. Pienso que concentrarse en la reducción del colesterol está muy fuera de lugar y que es un concepto alimentado por el marketing de los laboratorios farmacéuticos".
Los cinco hábitos que reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares en un 83% son:
El Dr. Abramson continuó, "la impresión que tenemos de los medios de comunicación es que es necesario depender de nuevas y costosas tecnologías para estar sano cuando de hecho, gran parte de nuestra salud viene determinada por cómo vivimos nuestras vidas. Y esto es un concepto tremendamente liberador. Hay cosas que podemos controlar ahora mismo que harían parecer enanos los beneficios para la salud de la mayoría de los medicamentos que nos están vendiendo a diestra y siniestra".
Para hacer redoblar los tambores sobre colesterol y enfermedades cardíacas un poco más, un reciente artículo aparecido en The Journal of the American Medical Association sobre un estudio que realizó un seguimiento a 7.300 mujeres durante 31 años, mostró que la contribución total del colesterol alto a la mortalidad es cero. "Tuvo un efecto cero sobre la mortalidad y tampoco contribuyó significativamente a la enfermedad cardíaca", me dijo el Dr. Abramson.
Entonces ¿por qué machacan tanto con las estatinas? "Tomemos un estudio como el WOSCOP (un famoso estudio utilizado para apoyar el uso de las estatinas). Usaron hombres con riesgo alto: casi la mitad fumaban y el 8% ya padecía enfermedades vasculares. Utilizando una estatina, obtuvieron un 31% de reducción en enfermedades cardíacas, lo que se traduce como una muerte prevenida por cada 100 hombres tratados durante cinco años y medio. Muy bien.
Ahora mire lo que sucedió en el estudio LYON Diet Heart que investigó con personas que ya habían tenido un ataque al corazón. En vez de usar medicamentos, se limitaron a ponerles una dieta: a la mitad se les aconsejó comer una dieta mediterránea, y a la otra mitad, comer una dieta prudente, es decir una baja en grasas y colesterol. La dieta mediterránea fue tres veces más efectiva que la dieta prudente en cuanto a reducir las enfermedades cardíacas, y dos veces más efectiva en reducir la incidencia de muerte. ¡Y esto ocurrió aún cuando los niveles de colesterol siguieron igual!". Las modificaciones dietéticas funcionaron mucho mejor que las estatinas.
El Dr. Abramson también dijo que las mujeres del estudio Nurses Health mostraron la misma reducción del 31% en enfermedades cardíacas simplemente comiendo pescado una vez a la semana, que los hombres de riesgo alto en el estudio WOSCOP consiguieron con medicamentos.
La cuestión no es que los medicamentos sean "malos". La cuestión es que centrarse exclusivamente en cifras de colesterol desperdicia una oportunidad importantísima de que los médicos ayuden a sus pacientes dándoles consejos sobre hábitos que marcarían una gran diferencia en sus vidas, sin efectos secundarios, en vez de limitarse a bajar los niveles de colesterol con medicamentos.
El Dr. Abramson y yo hablamos mucho sobre el uso de medicamentos para bajar el colesterol porque se trata de un ejemplo llamativo del uso excesivo de medicamentos. No obstante, de acuerdo con el Dr. Abramson, los ataques, las enfermedades cardíacas, la diabetes, la osteoporosis, la depresión, las enfermedades pulmonares y el cáncer de mama, todas ellas, responden estupendamente a las modificaciones en hábitos de vida, a pesar de lo cual tanto el costo como la frecuencia en el uso de fármacos para tratar estas enfermedades también se están disparando como un cohete.
"Sabemos cómo prevenir cerca del 70% de las enfermedades", concluyó el Dr. Abramson. "Debemos centrarnos en las cosas que podemos hacer ahora mismo en nuestras vidas para prevenir la enfermedad, en vez de en qué medicamento caro nos han dicho que necesitamos tomar. Esos medicamentos no funcionan ni de lejos tan bien como las elecciones en cuanto a estilo de vida".
Además, las elecciones en cuanto a estilo de vida son gratuitas y no tienen efectos secundarios. Bueno, en realidad sí hay un posible efecto secundario: la reducción de los beneficios de los laboratorios farmacéuticos. En fin.
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