Esto ya lo hemos oído antes. Fue hace 50 años cuando la llamada revolución verde instauró la agricultura y ganadería intensiva (y tampoco consiguió erradicar el hambre). Dejando a un lado la cuestión obvia de que el hambre no tiene que ver con la falta de recursos, sino más bien con su distribución, detrás de objetivos en apariencia loables, se esconde una realidad muy diferente.
La manipulación genética aplicada a los cultivos nació hace varios años con tres objetivos ambiciosos y con gran proyección de futuro:
Un cultivo transgénico es el que nace a partir de una semilla que ha sido manipulada genéticamente mediante el "empalme" de un gen de otro ser vivo. Esta manipulación tiene una finalidad que en la actualidad es:
De la totalidad de los cultivos transgénicos actuales, un 30% pertenecen al primer grupo, y el 70% restante al segundo.
Los cultivos que producen una toxina se conocen como "cultivos bt" y su nombre se refiere al "bacillus thurigiensis", habitante natural de un suelo, cuya acción intenta imitar. La idea es que lo que antes se "rociaba" sobre el cultivo una y otra vez, ahora lo produzca la misma planta.
Parece práctico. Y limpio ¿verdad? La cuestión es: ¿por qué un determinado cultivo necesita cada vez más dosis de insecticidas? La respuesta es que las plagas se han hecho resistentes al él y cada vez hace falta más cantidad para controlar una misma población (de plagas).
Siguiendo el razonamiento, que el insecticida se rocíe o esté inclulido en la planta no altera la cuestión básica: la resistencia se presentará más tarde o más temprano y de hecho, ya hay muchos expertos que pronostican que para el 2004 esa resistencia estará entre nosotros. Y con ella un problema añadido: afectará indiscriminadamente a cultivos transgénicos y a los convencionales. En ese momento, uno de los plaguicidas naturales del suelo, más benignos para el medioambiente, dejará de ser útil.
El otro grupo de cultivo transgénicos es una verdadera "ganga" para el agricultor: cuando compra la semilla también compra el herbicida al que la semilla es resistente. Como se trata de un herbicida capaz de debilitar y eliminar un gran número de hierbas, el agricultor consigue limpiamente, con un solo producto mantener sus campos limpios. No está aún demostrado que efectivamente se reduzca la necesidad de herbicidas, pero de que es un negocio para quien produce la semilla y el herbicida, no hay duda.
El problema de la resistencia vuelve a presentarse y de hecho se verificó por primera vez en 1995 con una variedad de centeno: la mala hierba que cree resistencia encontrará el camino libre para extenderse a sus anchas porque el herbicida transgénico se encargará de eliminar a sus competidoras más débiles. La que sobreviva, se convertirá en una "malísima hierba" que crecerá sin control.
En 1997, un año después de su primera implantación comercial en Canadá, un agricultor informó -y las pruebas de ADN lo confirmaron- que la colza Roundrup Ready de la empresa Monsanto se había propagado por polinización a una especie silvestre cercana, produciendo una mala hierba con resistencia al herbicida.
Aquí está verdaderamente el meollo de la cuestión: si un cultivo transgénico es capaz de reproducirse sexualmente -y según los expertos generalmente lo es-, la fuga de transgenes es inevitable si cualquier pariente silvestre crece en la vecindad. En los países industrializados, esto no parece un riesgo ya que los cultivos más importantes desde un punto de vista económico, tienen pocos parientes cercanos. En lo que llamamos "Tercer Mundo" la contaminación genética pone en peligro la biodiversidad y claramente, nos pone en las manos de las multinacionales fabricantes de semillas.
La mayor parte de los aspectos negativos de los transgénicos, derivan de los "vectores" a través de los cuales se realiza la transferencia del gen que los convierte en transgénicos. Son éstos:
A poco que mires, comprendes que el mundo sigue -como mínimo- igual de hambriento que antes. Tal vez incluso, algo más, porque desde que las leyes internacionales permiten las patentes agrícolas no sólo de variedades sino de genes específicos, los agricultores se ven obligados a comprar las semillas cada año, ya que legalmente el comprador (el agricultor) al comprar una semilla patentada (todas lo son) adquiere el derecho de usarla sólo una vez. De esta forma, la práctica ancestral de semillar para obtener nuevas semillas pasó a ser ilegal. Esto ha desembocado en una auténtica batalla comercial entre las multinacionales de semillas: primero fue la técnica de hibridación mediante la cual se aseguraban que los cultivos procedentes de semillas fruto de una cosecha híbrida anterior no salieran adelante, obligando así al agricultor a comprar semilla cada año. Como varios cultivos se resistían a esta técnica, en 1998 desarrollaron la llamada "tecnología Terminator" que mediante la modificación genética impediría la germinación de la semilla y que puede aplicarse a una amplia gama de cultivos. De esta forma, las multinacionales semilleras se aseguran el control de la industria. Todo lo cual ha vuelto a estas empresas infinitamente más ricas en sólo diez años.
Es muy dudoso. Actualmente, los inmensos recursos económicos de las multinacionales semilleras se centran en un limitado número de cultivos que tienen mercado seguro en los países desarrollados. Las plantas transgénicas resistentes a herbicidas son inútiles para la agricultura de subsistencia de países subdesarrollados donde no pueden permitirse el costo del producto y se realiza una agricultura manual. Y que no se destine dinero a investigar técnicas últiles a estos entornos se debe precisamente a que no crean mercado.
Además, existe una barrera biológica: el tipo de cultivos que serían más utiles a este tipo de agricultura tienden a ser muy complejos, lo que implica la manipulación de más de un gen, cosa que no parece, de momento estar al alcance de la biotecnología actual.
La manipulación genética aplicada a la agricultura es una opción cuya necesidad surge de intereses económicos, no de cuestiones sociales. No está suficientemente investigada en sus consecuencias a medio y largo plazo y mucho menos controlada. Por no mencionar que todavía está por demostrar que haya mejorado algo más que la riqueza de quienes las realizan.
Como si todo esto no fuera suficiente, la manipulación genética aplicada a la agricultura es sospechosa de causar efectos tóxicos y reacciones alérgicas en los consumidores y de aumentar la incidencia de enfermedades relacionadas con el uso de sustancias químicas en los trabajadores del campo, además de causar estragos en nuestro medioambiente.
Consumir alimentos procedentes de la agricultura ecológica es hoy en día la mejor garantía que puedes tener
de que comes alimentos sanos, no manipulados y con alto poder biótico.
Transgénicos en flashes:
Recursos útiles sobre transgénicos:
La terrorífica historia del transgen que se liberó del yugo.
Para los que piensan que el progreso implica ciertos sacrificios,
veamos de qué sacrificios estamos hablando
Y de lo de "acabar con el hambre en el mundo" ¿qué hay?
¿Es capaz la biotecnología de alimentar la población mundial?
©Mónica P. Vazquez
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