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Hatha Yoga: la comunicación con el ser superior

Cuentan que Teresa de Calcuta se acercó a uno de los marginados que se encuentran en los bordes de los caminos de la India y después de estar hablando un rato con él le preguntó qué necesitaba, a lo que aquel respondió: "ahora nada". De esta experiencia nació la famosa frase de Teresa: "la mayor necesidad de la humanidad no es la eliminación del hambre, es la comunicación".

El ser humano es sociable por naturaleza y necesita comunicarse con el entorno que le rodea. Pero esa necesidad de comunicación no se agota en su relación con el exterior. Cuando ha cubierto sus demandas vitales básicas referidas al plano físico, se inicia una etapa en que aparece con fuerza la necesidad de parar, mirar hacia atrás y preguntarse por el sentido de lo andado y de lo que aún queda por vivir. Quienes escuchan esta llamada interna comienzan un viaje que les va a permitir entablar una comunicación con alguien hasta entonces olvidado: su propio ser.

Desde que se inicia el camino en respuesta a esa demanda sincera, y como accionados por interruptores invisibles, comienzan a ponerse en marcha una serie de mecanismos internos y, en ocasiones, también externos que van permitiendo encajar las piezas del puzzle que supone cualquier experiencia vital.

Detrás de este asombroso proceso, colmado de las vivencias, a veces duras, a veces maravillosas, y casi siempre inesperadas, que acompañan a cualquier viaje, los elementos que configuran el paisaje interno van haciéndose nítidos poco a poco, apareciendo en este itinerario como hitos de referencia que todos utilizamos: el cuerpo, la mente y el ser (la identidad). Junto a ellos también se sitúan aquellos dispositivos que conectan el ser con la unidad cuerpo-mente.

En una aproximación simplificada a estos elementos, puede definirse el cuerpo como aquella parte que se puede medir, tocar, que tiene una extensión limitada y capacidad para distinguir diferentes sensaciones tangibles que se pueden percibir por la vista, el oído, el tacto... Está formado por gran cantidad y diversidad de pequeñas estructuras moleculares codificadas genéticamente. Ha sido diseñado como parte integrante del Universo y evoluciona de acuerdo a sus leyes. Es el armazón que sirve de soporte físico a las otras partes.

Este "armazón" necesita un conjunto de instrucciones procesadas y regladas que regulen su funcionamiento, que ordenen sus recuerdos, que procesen todos los datos recogidos a través de sus sentidos (vista, oído, tacto…), para que de esta forma se puedan crear configuraciones neuronales que aporten soluciones concretas ante cualquier eventualidad que se pueda producir en el medio físico. A esa parte fundamental la llamamos mente.

Junto a ello, y para que podamos tener un control aceptable del conjunto están los "dispositivos de conexión", que son los elementos del ser humano que han experimentado en su evolución una adaptación específica para que se pueda comunicar el ser consciente con la mente y el cuerpo. Con ellos, podemos empezar por controlar una fracción pequeña del sistema, pero es más que suficiente. No obstante, todas las funciones que no podemos dominar de forma consciente, las realiza la mente de forma inconsciente, sólo hay que observar.

Desde el momento en que nacemos y mientras dura la existencia en el medio físico, estas partes no pueden disociarse sin provocar un profundo desequilibrio en el sistema; estar aquí conlleva una indisoluble unidad entre todas ellas.

Vivir un vida regida por los automatismos de origen genético o social es dar un protagonismo absoluto a nuestra mente en menoscabo del ser y, aunque resulte paradójico, hasta del propio cuerpo, olvidando nuestra faceta superior en su esencia más pura.

En el plano físico cada una de estas partes tienen sus propias competencias, y la comunicación ente ellas las hace partícipes de todo aquello que la otra tiene o custodia.

Aunque sobre el papel todo lo anterior puede parecer cuando menos evidente, llegar a este conocimiento y, lo que es más importante, ser capaz de tomar las riendas de nuestra vida desde el plano de una conciencia ampliada es una tarea a la que llevan dedicándose nuestros vecinos de Oriente desde hace milenios. La filosofía y las técnicas desarrolladas para avanzar en este camino son diversas y gran parte de ellas han sido importadas a Occidente. Cada uno debe buscar aquellas herramientas que se van a adaptar mejor a sus necesidades de caminante por el sendero de la conciencia expandida y de la autorrealización. La propia sabiduría de cada maestro interno nos va a permitir realizar la mejor elección.

El yoga es una de las valiosas herramientas de que disponemos para, mediante su práctica, ligar, unir bajo un mismo yugo los diversos elementos con que venimos a expandir nuestra conciencia en este plano. Esta disciplina constituye para los firmantes de este artículo su instrumento básico de trabajo. Comunicar a quien pueda estar en una sintonía similar lo que a través de su práctica hemos aprendido, es uno de los objetivos de nuestra actividad.

Lo importante es hacer camino al andar, no andar como autómatas por el camino.


©Isabel Hernández, Pedro López
City-Yoga
00 34 91 5534751
www.city-yoga.com
info@city-yoga.com

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