En 1962 una mujer, Rachel Carson advertía en su libro "Primavera silenciosa" sobre las profundas transformaciones que estaban teniendo lugar en el planeta como consecuencia de la intervención del hombre en la naturaleza y sus métodos productivos y las nefastas consecuencias que esto tendría sobre toda forma de vida en el planeta. Pocos años más tarde, la profecía se ha cumplido y el efecto de las consecuencias es tan serio que el Programa de las Naciones Unidas para el medio Ambiente (PNUMA), ha llamado ha establecer un convenio internacional obligatorio sobre 12 sustancias demostradamente peligrosas, que además defina los criterios para añadir nuevas sustancias y establezca mecanismos de apoyo a los países en desarrollo. Hablamos de los llamados Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP).
Los contaminantes orgánicos persistentes (COP) son mezclas y compuestos químicos a base de carbono que incluyen químicos industriales como los PCBs (bifenilos policlorados), plaguicidas como el DDT y residuos no deseados como las dioxinas. Una vez liberados en el ambiente pueden viajar a través del aire y el agua hacia regiones muy distantes de su fuente original, concentrándose en los organismos vivos, incluidos los humanos, hasta niveles que pueden dañar la salud humana y/o el ambiente, aún en regiones alejadas donde son usados o emitidos.
Además de ser resistentes a los procesos de degradación química, biológica y fotolítica, tienen la capacidad de alterar funciones biológicas normales aún en concentraciones extraordinariamente bajas, incluyendo la actividad natural de las hormonas y otros mensajeros químicos y disparar una serie de efectos potencialmente dañinos.
Cada vez más estudios los relacionan con el aumento de los tumores ginecológicos, de genitales masculinos y de la disminución en cantidad y calidad del esperma humano.
Los 12 COPS a que se refiere el PNUMA son los que aparecen a continuación junto con una breve descripción de en que tipo de productos se encuentran:
No contaminar tiene un coste añadido para la industria. Sustituir productos tóxicos por otros que no lo sean, también. Por eso, pese a la cantidad de estudios, a la acción de colectivos ecologistas, al PNUMA, se siguen utilizando productos tóxicos en la fabricación de productos de uso cotidiano como juguetes, champúes, cremas ó lavavajillas. Muchas personas todavía compran sin prestar atención a la etiqueta del producto y las etiquetas, si es que describen ingredientes, pueden no describirlos todos. Por no hablar de que la mayoría de estas sustancias tienen nombres difíciles de pronunciar, cuanto menos de recordar.
Para faciltarnos la tarea, Greenpeace ha creado una Guía sin Toxicos en la que pone nombre y apellidos a productos y fabricantes clasificándolos con color verde, si no contienen productos tóxicos; color ambar si los contienen pero la empresa fabricante está en vías de sustituirlo por otro no tóxico; y color rojo: si contiene productos tóxicos o si la empresa fabricante no facilita información sobre las sustancias utilizadas en la fabricación del producto. Grandes marcas están en esta guía. Y no precisamente con color verde. Tienes derecho a conocer esta información, porque como leerás repetidamente en nuestras páginas, se trata de tu salud. Puedes descargar gratuitamente la Guia sin Toxicos en formato PDF desde este enlace.
Y puedes hacer algo más por tu salud y la de todos: tenla presente cuando vayas de compras.
No hay leyes, ni multas, ni acciones más disuasorias para un fabricante que su producto no se venda, asi que la decisión final, como siempre, es tuya.
Podemos elegir. Siempre.
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